Los medicamentos
modernos han cambiado la for ma de tratar y combatir las enfermedades. Sin
embargo, pese a todas las ventajas que ofrecen, cada vez hay más pruebas de que
las reacciones adversas a los fármacos son una causa frecuente, aunque a menudo
prevenible, de enfermedad, discapacidad o incluso muerte, hasta el punto de que
en algunos países figuran entre las 10 causas principales de mortalidad. Al
margen del peligro intrínseco que pueda entrañar cada producto, en ocasiones
hay pacientes que presentan una sensibilidad particular e impredecible a
determinados medicamentos. Además, cuando se prescriben varios fármacos existe
siempre el riesgo de que entre ellos se establezcan interacciones
perjudiciales. Por ello, dado el vasto arsenal de medicamentos existentes, la
elección y utilización del o de los más apropiados y seguros para cada persona
exige una considerable habilidad por parte del facultativo que los prescribe.
Para prevenir o
reducir los efectos nocivos para el paciente y mejorar así la salud pública es
fundamental contar con mecanismos para evaluar y controlar el nivel de
seguridad que ofrece el uso clínico de los medicamentos, lo que en la práctica
supone tener en marcha un sistema bien organizado de farmacovigilancia. La
farmacovigilancia (término genérico que designa los procesos necesarios para
controlar y evaluar las reacciones adversas a los medicamentos) es un elemento
clave para que los sistemas de reglamentación farmacéutica, la práctica clínica
y los programas de salud pública resulten eficaces.
Referencia
Organización Mundial
de la Salud. (2004). La farmacovigilancia: garantía de seguridad en el uso de
los medicamentos. Recuerpado de http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/68862/1/WHO_EDM_2004.8_spa.pdf?ua=1
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